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INTERNET Y EL ACCESO AL CONOCIMIENTO:
LA ARTICULACI�N DE LO EPISTEMOL�GICO Y LO MORAL
*

 

Eduardo BUSTOS GUADA�O

Roberto FELTRERO OREJA

 

Departamento de L�gica, Historia y Filosof�a de la Ciencia,
UNED

0. Introducci�n

La introducci�n de las tecnolog�as computacionales en las labores de creaci�n, procesamiento y comunicaci�n de la informaci�n presenta un complejo cuadro de consecuencias positivas y negativas. Las llamadas tecnolog�as de la informaci�n y la comunicaci�n, TIC �t�picamente los computadores interconectados a trav�s de la red Internet� han abierto un campo de posibilidades casi ilimitadas para comunicar y compartir la informaci�n. La versatilidad de la informaci�n digitalizada para su procesamiento (codificaci�n, almacenaje, selecci�n y recuperaci�n) y la posibilidad de su distribuci�n a trav�s de Internet, facilitan enormemente los usos de la informaci�n y el conocimiento y, por tanto, las posibilidades de socializaci�n y apropiaci�n cognitiva del acervo informacional y cultural. Es posible afirmar, por tanto, que la funci�n de dichas tecnolog�as es facilitar y maximizar la creaci�n y comunicaci�n de informaci�n. Su dise�o e implantaci�n fueron, hist�ricamente, orientados hacia ese fin. Aunque su flexibilidad permite tambi�n dise�os que pueden controlar y, en su caso, limitar de manera absoluta todas las comunicaciones.

Existen muchas razones para afirmar que la mejora del acceso libre a la creaci�n y la comunicaci�n de la informaci�n es positiva para los seres humanos. Desde una �tica inmanentista de la informaci�n (Floridi, 2002), hasta propuestas basadas en la justicia social (Lipinski y Britz, 2000), pasando por todo tipo de argumentaciones sobre las virtudes human�sticas de la educaci�n en todo tipo de entornos culturales, la accesibilidad de la informaci�n se afirma como un bien y un derecho b�sico. Fomentar la creaci�n, ampliaci�n y accesibilidad de un entorno informacional se impone como un

principio b�sico en cualquier an�lisis moral de las TIC.

Las bondades de la creaci�n y difusi�n masiva de la informaci�n no son, no obstante, absolutas. Existen razones para pensar que la ingente cantidad de informaci�n que circula por la red puede acarrear algunos problemas epistemol�gicos. La veracidad, la fiabilidad y la relevancia de dicha informaci�n son los principales. El hecho de que la Red sea un repositorio de informaci�n no supone que, autom�ticamente, se convierta en un mecanismo valioso de transmisi�n de conocimiento. Para articular las dimensiones morales y epistemol�gicas del libre acceso a la informaci�n es preciso un an�lisis de los nuevos mecanismos de publicaci�n y de acreditaci�n de la informaci�n y el conocimiento en el entorno digital.

El problema que se nos plantea, pues, es la valoraci�n de las consecuencias epistemol�gicas de la implantaci�n de las TIC en las actividades de producci�n, difusi�n y distribuci�n de la informaci�n y el conocimiento. Problema que plantea, ineludiblemente, una reflexi�n sobre los aspectos morales de la limitaci�n o regulaci�n del acceso al conocimiento, as� como sobre el papel y responsabilidad de las instituciones en estas actividades. El objetivo se centrar� en la discusi�n de mecanismos para impulsar el compromiso de los actores m�s epist�micamente relevantes en la producci�n, selecci�n, comunicaci�n y acreditaci�n del conocimiento en la Red. Como aportaci�n conceptual para dilucidar el intricado problema del valor epist�mico de la informaci�n en la red se discutir� el concepto de ubicaci�n epist�mica. Es decir, las condiciones que una ubicaci�n de Internet debe satisfacer para poder considerar su contenido valioso desde un punto de vista epist�mico. Mediante esta noci�n se articular�n las razones epistemol�gicas con los argumentos morales para la defensa de la accesibilidad del conocimiento en la Red.

 

 

1. Internet y las labores de producci�n y distribuci�n de informaci�n

 

La tecnolog�a en general, y las tecnolog�as de la informaci�n y la comunicaci�n en particular, cambian la naturaleza de las acciones que llevamos a cabo mediante ellas. Evidentemente son m�s llamativos los casos en que esa tecnolog�a introduce elementos o espacios nuevos que es preciso asimilar, primero en un nivel cognitivo, elaborando nuevos conceptos, y luego ontol�gico y moral, asignando una clase de realidad a la que corresponden esos conceptos, y modelos de acci�n con respecto a esa realidad. En filosof�a de la informaci�n, esa es la orientaci�n que tiene la obra de L. Floridi (Floridi, 2002; Floridi y Sanders, 2002): primero elaborar un concepto adecuado de informaci�n

(que vaya m�s all� de la teor�a matem�tica pura de la informaci�n) para acotar m�s adelante un �mbito ontol�gico (lo que m�s o menos abarca el r�tulo infosfera) y especificar la medida en que los valores se aplican a los objetos de ese �mbito.

Aunque menos llamativos, son muy importantes tambi�n los casos en que antiguas, venerables, actividades son modificadas radicalmente por la intervenci�n de las TIC. El mismo caso de la escritura, seg�n menciona D. Johnson (2004) es un buen ejemplo. La posibilidad de escribir de una forma no lineal, utilizando el hipertexto (Drexler, s/f), es una muestra de c�mo la tecnolog�a puede modificar sustancialmente un tipo de acto, la escritura, cuya linealidad era una propiedad definitoria antes del advenimiento de las TIC. Asimismo, no son menos importantes las modificaciones en instituciones ya existentes, o la aparici�n de nuevas instituciones, que son hechas posibles por las TIC. Entre ellas figura en un papel preponderante Internet. Internet no s�lo ilustra la forma en que las TIC modifican radicalmente antiguas instituciones, como por ejemplo las editoriales, sino de c�mo constituyen nuevas instituciones en que se alojan nuevas actividades, nuevas regimentaciones, nuevas formas de vida. Internet se ha convertido en la principal instituci�n en la que se desarrollan los procesos de comunicaci�n en la sociedad contempor�nea, esto es, en el principal medio de producci�n, procesado y distribuci�n de la informaci�n.

La posibilidades t�cnicas bien conocidas de la Red (comunicaci�n global, as�ncrona o inmediata, capacidad de almacenamiento y publicaci�n virtualmente irrestricta, etc.) van a proporcionar posibilidades novedosas para la organizaci�n din�mica de las tareas de producci�n, difusi�n y acreditaci�n del conocimiento. El alcance global significa el hecho de que abarca, o puede hacerlo, pr�cticamente cualquier grupo humano, y que puede hacerlo de un modo plural, en el sentido de superar los l�mites de la comunicaci�n dual, con dos interlocutores. Internet posibilita la comunicaci�n simult�nea o as�ncrona de diversos grupos, con bajo coste y con inmediatez incomparable. Desde el punto de vista de la distribuci�n de la informaci�n, las caracter�sticas de Internet propician una comunidad interlocutora pr�cticamente ilimitada y no espec�fica. Cualquier informaci�n puesta en Internet, aunque pueda estar dirigida a una comunidad espec�fica, puede ser accedida por cualquier persona. En esto se diferencia de medios tradicionales de difusi�n de la informaci�n, como las publicaciones cient�ficas, por ejemplo, dirigidas a un p�blico espec�fico, de dif�cil acceso y de distribuci�n limitada. Desde el punto de vista de la producci�n de la informaci�n, la horizontalidad comunicativa implica que todos los usuarios de Internet

son, a la vez, posibles productores de informaci�n, es decir, que se multiplican los focos generadores de informaci�n.

Desde el punto de vista de las labores epist�micas, estas caracter�sticas de Internet presentan consecuencias a analizar. De una parte, tenemos la pluralidad de focos productivos. De otra, la posibilidad de producci�n an�nima e irrestricta de informaci�n. Todo ello implica que Internet propicia, y necesita, pr�cticas de validaci�n o acreditaci�n de la informaci�n que se apartan radicalmente de las formas tradicionales de evaluaci�n. El hecho es que la estructura tecnol�gica de Internet ha alterado la funci�n de las instituciones tradicionales de acreditaci�n de la informaci�n. Eso significa intuitivamente que, a pesar de que la cantidad de informaci�n puesta en circulaci�n en Internet es incomparablemente superior a la de otros medios, la acreditaci�n o cualificaci�n de esa informaci�n es realmente menor o de peor calidad, en parte porque es preciso idear nuevos mecanismos o generar nuevas instituciones que desempe�en esas funciones en el entorno digital. La herramienta m�s apropiada para llevar a cabo ese estudio es la epistemolog�a social.

 

2.Internet y la epistemolog�a social

 

No se trata tanto de que Internet, como medio tecnol�gico, cause meras formas de producci�n y difusi�n del conocimiento como de que introduzca una dimensi�n reflexiva en la propia filosof�a de la ciencia. En particular, el an�lisis de Internet y su influencia en los procesos epist�micos sociales constituye un continuo con las disciplinas (sociolog�a, antropolog�a, etc.), orientaciones (relativismo, estudios culturales, etc.) y metodolog�as de an�lisis (etnograf�a) que resaltan los factores externos a esos procesos, factores que abarca generosamente el calificativo de �contextuales�. Dicho de otro modo, Internet es un elemento que, en filosof�a de la ciencia, contribuye a desplazar el an�lisis de las cuestiones del contenido (qu� es conocimiento, c�mo se acredita, etc.) a las cuestiones de forma y funci�n (cu�les son las estructuras que subyacen su producci�n, qu� papel desempe�an en el conjunto de la vida social, etc.)

Como instituci�n progresivamente m�s central en la producci�n y distribuci�n de informaci�n, Internet es objeto de an�lisis y discusi�n en el campo de la epistemolog�a social. Aunque, como se suele subrayar a menudo, la informaci�n no equivale a conocimiento (Hackken, 2003), nadie pone en duda que el acceso a �ste pasa por la adquisici�n, elaboraci�n y articulaci�n de la informaci�n. De tal modo que se

suele razonar que cualquier regulaci�n que afecte al acceso a la primera terminar� por repercutir en la consecuci�n del segundo. Por ejemplo, las disposiciones o regulaciones que pretenden establecer condiciones de acceso a la informaci�n, tambi�n se pueden concebir, en cuanto a su fundamentaci�n y valoraci�n, como regulaciones o restricciones sobre el acceso al conocimiento.

Pero la primera consideraci�n cr�tica que suele aparecer es la indicaci�n de que no resultan autom�ticamente trasladables las consideraciones sobre un �mbito, el de la informaci�n, al otro, el del conocimiento. Evidentemente, no s�lo desde el punto de vista epistemol�gico, sino sobre todo desde el �tico o el moral. Por ejemplo, las concepciones que mantienen la necesidad y la moralidad de restricciones en el acceso a la informaci�n son mucho m�s aceptadas socialmente que las que defienden puntos de vista restrictivos sobre el acceso al conocimiento. En cierta medida, y quiz�s de forma parad�jica, el acceso al conocimiento se considera un derecho, mientras que no sucede lo mismo con el acceso a la informaci�n. En la medida en que se acepte que el conocimiento es intr�nsecamente bueno (una idea popular), se tender� a aceptar igualmente que no tiene (no puede tener) consecuencias negativas y que, por tanto, no existen justificaciones para limitar su acceso. No sucede lo mismo con la informaci�n ni con el libre acceso a ella: no es dif�cil encontrar ejemplos en que el libre acceso a la informaci�n tiene consecuencias no s�lo negativas, sino perjudiciales en t�rminos pr�cticamente absolutos (la distribuci�n de pornograf�a infantil, por ejemplo).

Los argumentos consecuencialistas predominan en el campo de la �tica de la informaci�n, ya se refieran a la regulaci�n del acceso a la informaci�n, a la propiedad intelectual, a los derechos de reproducci�n o a cualesquiera otras cuestiones que caen bajo su �mbito. Y entre las consecuencias pertinentes en la evaluaci�n de Internet est�n las epist�micas, esto es, aquellas consecuencias relacionadas con la producci�n y difusi�n del conocimiento. M�s precisamente, relacionadas con los valores veritativos en la producci�n o difusi�n de creencias. Son consecuencias analizadas entre otras disciplinas por la epistemolog�a social al�tica (o veritista), en el sentido de A. Goldman (1999). Esas consecuencias son evaluables en dos �mbitos, el de los estados y el de las pr�cticas: �los estados tales como el conocimiento, el error y la ignorancia tienen un valor o un disvalor al�tico fundamental. Las pr�cticas tienen un valor al�tico instrumental en la medida que promueven o ponen impedimentos a la adquisici�n de valores al�ticos fundamentales� (Goldman, 1999, 87)

Dejando aparte la dicotom�a problem�tica de lo fundamental vs. lo instrumental,

es evidente que, aunque se separen por razones metodol�gicas o de claridad conceptual, existe una conexi�n entre los dos componentes de la estructura evaluativa. Las modificaciones o cambios en las pr�cticas (por ejemplo, en las disposiciones regulativas) tienen efectos causales en la distribuci�n de los estados al�ticos resultantes. Esto no quiere decir que diferentes pr�cticas no puedan ser funcionalmente equivalentes, en el sentido de inducir iguales o similares estados al�ticos finales. Es una posibilidad, y la decisi�n de elegir entre dos pr�cticas funcionalmente equivalentes no es un problema vacuo, pero no es en principio un problema epist�mico: se supone que en esos casos la decisi�n se realiza en t�rminos de valores no epist�micos. Pero, en la medida en que la adopci�n de diferentes pr�cticas puede generar diferentes estados epist�micos, y en la medida en que �stos se pueden describir en t�rminos cuantitativos (y quiz�s cualitativos), se sigue que se pueden comparar y ordenar.

Es el objeto de esta reflexi�n el an�lisis y la comparaci�n de ciertas pr�cticas novedosas para la difusi�n y la revisi�n de la informaci�n en ciertas ubicaciones en la Red con contenido presuntamente epist�mico. La estructura tecnol�gica de Internet propicia profundas transformaciones de estas pr�cticas, as� como de las instituciones implicadas en la producci�n y difusi�n del conocimiento. El ejemplo paradigm�tico de estas transformaciones es el la enciclopedia Wikipedia (http://wikipedia.org). Este proyecto persigue la elaboraci�n colaborativa y abierta de una enciclopedia universal de acceso libre y gratuito. Su modelo de producci�n, heredado del que ha servido para el desarrollo del software libre, se basa en la edici�n y revisi�n colaborativas. El software wiki (http://wiki.org) transforma cualquier navegador web en un editor, de manera que cualquier usuario de la Red puede a�adir o corregir las entradas de la enciclopedia. Los lectores se convierten en potenciales editores. Adem�s, se conserva un archivo hist�rico de las sucesivas modificaciones de manera que ninguna aportaci�n, ni ninguna informaci�n, se pierden.

Este modelo invierte las metodolog�as cl�sicas de la edici�n. En lugar de una �direcci�n� editorial que toma las decisiones sobre lo que se debe publicar, nos encontramos con una comunidad de editores/usuarios que realizan toda la producci�n sin ninguna estructura jer�rquica que organice el trabajo intelectual. En lugar de uno o varios escritores que aportan sus art�culos en funci�n de su prestigio y reconocimiento, valorado por la estructura jer�rquica editorial, nos encontramos con aportaciones, comentarios y correcciones de todo tipo de personas de las que, habitualmente, no conocemos su trayectoria intelectual.

Desde el punto de vista epistemol�gico, este tipo de sistema presenta muchos retos. La consolidaci�n de una entrada de la enciclopedia parece venir dada por el acuerdo t�cito (en la medida en que esa entrada no es modificada) de los propios usuarios. En lugar de un experto acreditado que valore ese contenido, tenemos una comunidad de expertos no acreditados que llegan a un acuerdo. Pudiera parecer que esto propicia un tipo de sistema de acreditaci�n por evidencia estad�stica. Pero si se atiende a la metodolog�a utilizada, se atisban razones de car�cter epist�mico que justifican la acreditaci�n. No es el n�mero de lectores o de comentarios positivos lo que decide que un art�culo permanezca, sino la racionalidad y la pluralidad de los comentarios apoyando y, en su caso, incrementando la pertinencia y la veracidad de la informaci�n, lo que contribuye a este tipo de acreditaci�n social. Este es un esquema similar al que rige para las pr�cticas de la comunidad cient�fica. La accesibilidad del contenido de todas las versiones previas, as� como las discusiones en los foros correspondientes, aseguran una decisi�n en funci�n de valores epist�micos. Finalmente, es el contenido epist�mico de las entradas lo que permanece, lo que es discutido y valorado independientemente de su autor�a. Autor�a que, en general, es an�nima. Evidentemente, la problem�tica de este tipo de modelos se centra en la acreditaci�n de los expertos encargados de llevar a cabo las labores de revisi�n, pero la estructura de la pr�ctica de revisi�n se puede considerar epist�mica.

Siendo la Wikipedia el ejemplo m�s radical sobre las novedades en epistemolog�a social que vienen de la mano de la estructura tecnol�gica de Internet, no es, sin embargo, el m�s relevante para la comunidad cient�fica. Las controversias suscitadas durante los �ltimos a�os sobre la revistas de acceso abierto y sobre el acceso libre y los sistemas de revisi�n por pares en el medio digital (Fuller, 1995; Harnad, 1995, 1996) son reflejo de los cambios y transformaciones que las nuevas tecnolog�as propician en el quehacer cient�fico.

Los sistemas de acreditaci�n tradicionales para la informaci�n cient�fica son tanto la revisi�n por pares como la valoraci�n del impacto de las publicaciones mediante las citas correspondientes en otras publicaciones. Esta metodolog�a conf�a en que son las razones epist�micas intr�nsecas al contenido de cada art�culo, su contenido veritativo, las que impulsan la discusi�n, la correcci�n y la publicaci�n de la versi�n definitiva, as� como el posterior impacto de la misma. En el mundo acad�mico, la acreditaci�n del contenido epist�mico de cualquier recurso informacional se ha basado tradicionalmente en su revisi�n por los especialistas en la materia en cuesti�n. Las

publicaciones cient�ficas, y m�s concretamente las revistas de investigaci�n han articulado y organizado esas labores de contrastaci�n desde los albores de la ciencia moderna. Y lo han hecho, generalmente, llevando a cabo una revisi�n previa y, en su caso, la modificaci�n de los textos antes de su publicaci�n definitiva. El car�cter material de los medios impresos marcaba la necesidad de ofrecer resultados con este car�cter est�tico. A�n cuando los trabajos m�s relevantes segu�an siendo objeto de revisi�n posterior, la publicaci�n permanec�a en su estado original para siempre, con sus aciertos o errores (razones que apoyan las ventajas de este car�cter est�tico, acabado, de las publicaciones se pueden encontrar en Seely Brown y Duguid (1996).

La publicaci�n en la Red, por su car�cter inmediato y din�mico, posibilita sistemas de revisi�n continua y din�mica de la informaci�n cient�fica. Los sistemas de edici�n digital ofrecen la posibilidad de publicar cartas con comentarios o cr�ticas al art�culo referido a continuaci�n del propio art�culo y, en algunos casos, de manera inmediata e irrestricta en el tiempo o en el n�mero de comentarios. Dichos comentarios pueden ser contestados por los autores. De esta manera, toda la discusi�n se lleva a cabo en l�nea y es f�cilmente accesible a cualquier usuario de la Red. Adem�s, ofrece interesantes servicios que facilitan el trabajo del investigador. Desde bases de datos que ofrecen enlaces, autom�ticamente, a art�culos relacionados a otros art�culos de los autores, hasta la posibilidad de recibir notificaciones autom�ticas cuanto un nuevo art�culo cita el que nos interesa, pasando por la posibilidad de obtener directamente las referencias bibliogr�ficas en los formatos del programa de gesti�n de nuestra elecci�n, etc. (un ejemplo de estas posibilidades t�cnicas se puede visitar en http://www.sciencemag.org/cgi/content/full/28 1/5382/1459). Las posibilidades de automatizar y facilitar los trabajos rutinarios de investigaci�n y gesti�n bibliogr�fica son, como vemos, casi ilimitadas.

Desde el punto de vista de la dimensi�n epistemol�gica e instrumental de las pr�cticas, la metodolog�a cient�fica cl�sica comparte los mecanismos de revisi�n comunitaria explicados en el caso de la Wikipedia. La metodolog�a de la revisi�n por los pares es funcionalmente equivalente a la metodolog�a de revisi�n descrita en el caso de la Wikipedia: una comunidad de interesados que consulta, analiza, critica, revisa y aprueba el contenido o, en su caso, propone cambios o contenidos alternativos. Esta equivalencia, funcional y epist�mica, desde el punto de vista de las pr�cticas puede servir de criterio para la evaluaci�n y comparaci�n de los lugares de producci�n de informaci�n en la red. Pero tras esa equivalencia funcional, no podemos esconder las

diferencias. La principal radica en la acreditaci�n de los revisores. Pero este es un problema que comparten, tambi�n, muchas de las pr�cticas cient�ficas tradicionales. Uno de los problemas m�s destacados de la publicaciones cient�ficas en la actualidad es su n�mero y su especializaci�n crecientes. Cada vez hay m�s publicaciones y cada vez son m�s espec�ficas, de manera que s�lo unos pocos expertos de campos muy determinados intervienen en las labores de revisi�n y contrastaci�n. Si bien este movimiento facilita la selecci�n de textos relevantes, en funci�n de la tem�tica espec�fica de cada publicaci�n, no es menos cierto que reducen las tareas de contrastaci�n y revisi�n a un reducido grupo de investigadores que, generalmente, se asocian en funci�n de una tem�tica que comparten y en la que est�n de acuerdo. Aquellos grupos de investigaci�n que tienen una opini�n diferente sobre la cuesti�n, suelen publicar revistas alternativas que la reflejan. El valor epist�mico de estas pr�cticas se ve reducido por la atomizaci�n y la disgregaci�n de los grupos cient�ficos y los propios revisores.

La revisi�n editorial previa no es exclusiva de los modelos comerciales. Existen un gran n�mero de publicaciones en formato digital de libre acceso (http://www.doaj.org/home) que implementan metodolog�as de revisi�n y selecci�n cl�sicas. El m�s conocido es de la Public Library of Science (http://plos.org). En este caso, la financiaci�n suplementaria es necesaria para la organizaci�n de las rigurosas labores de revisi�n y selecci�n. Sin embargo, su llamamiento a la autogesti�n de la investigaci�n, mediante el uso de fuentes de financiaci�n alternativas, es m�s que sugerente. Las posibilidades de la red son aprovechadas para facilitar el acceso al conocimiento sin menoscabo de las ventajas de las estructuras editoriales verticales propias de las publicaciones cient�ficas tradicionales.

Sin embargo, algunas propuestas muestran que no es necesaria una organizaci�n previa para iniciar el trabajo de revisi�n y contrastaci�n cient�fica. El ejemplo m�s radical en este sentido es el del repositorio de art�culos ArXiv (http://es.arxiv.org/). En esta ubicaci�n electr�nica los autores env�an sus trabajos (a�n en sus versiones preliminares) para que sean registrados y archivados electr�nicamente. No existe ning�n tipo de preselecci�n ni revisi�n previa. Sin embargo, existen numerosos foros de debate asociados en los que se dirimen las controversias suscitadas por cada art�culo. Controversias que, generalmente, contribuyen a la revisi�n del mismo y a la publicaci�n posterior de versiones corregidas. La Red se inserta en el proceso de puesta en p�blico de las ideas (lo que generalmente se lleva a cabo en grupos reducidos) ampliando el foro

de comentaristas y correctores que ayudan a perfilar las versiones definitivas. En este caso, hay un proceso de revisi�n continua y se suceden las publicaciones de las diferentes versiones. Esta metodolog�a del self-archiving (Harnad, 2001) se ha extendido entre los investigadores de muy diversas �reas y el n�mero de trabajos de investigaci�n de libre acceso bajo este sistema se incrementa cada d�a (http://www.eprints.org/, http://cogprints.org/) En la mayor�a de los repositorios de archivos de este tipo, los procedimientos de archivo, publicaci�n y b�squeda de los textos han sido automatizados de manera que los costes se reducen, pr�cticamente, al mantenimiento de los equipos inform�ticos y el ajuste del software (generalmente software libre).

El reto de la epistemolog�a social es c�mo articular las razones que apoyan los sistemas cl�sicos de revisi�n y contrastaci�n de la informaci�n y el conocimiento con las posibilidades de interlocuci�n ilimitada y de capacidad de producci�n en Internet. No conviene olvidar que, igual que la pluralidad significa que Internet ofrece la posibilidad de abrir los procedimientos de revisi�n y comentario de los contenidos a todos los interlocutores. Estas nuevas posibilidades afectar�n a las dimensiones sociales de la labor epistemol�gica. Si los contenidos pueden ser comentados y, en su caso, enmendados, por todos aquellos que tengan algo relevante que decir al respecto, sin limitaciones t�cnicas, no s�lo se consigue un incremento cuantitativo en cuanto a los participantes en el proceso de producci�n, sino que se facilita el acceso a la informaci�n y el conocimiento. Tanto en su dimensi�n te�rica como, tambi�n, en su pr�ctica metodol�gica.

Las metodolog�as de selecci�n y revisi�n puede servir como criterio de clasificaci�n y ordenaci�n de naturaleza epist�mica de estas pr�cticas. Para ello, se hace necesario la introducci�n del conceptos y criterios para elaborar dicha clasificaci�n. Con ese cometido se propone la noci�n de ubicaci�n epist�mica.

3. La noci�n de ubicaci�n epist�mica

El problema de la acreditaci�n de la informaci�n y el conocimiento en los nuevos medios digitales presenta tantas dificultades como nuevas posibilidades. La articulaci�n de mecanismos de selecci�n con las nuevas facilidades de producci�n, difusi�n y reproducci�n del conocimiento no es sencilla. Se hacen necesarios mecanismos capaces de ejercer su funci�n de selecci�n entre una cantidad creciente de informaci�n. Pero los recursos para dicha labor dif�cilmente pueden basarse en el

beneficio econ�mico, impulso tradicional de los sistemas privados de publicaciones cient�ficas. Cualquier sistema de restricci�n econ�mica al acceso a la informaci�n menoscabar�a las valorables posibilidades de difusi�n (y con ella de contrastaci�n) y distribuci�n casi ilimitada de Internet. A la vez que dicho sistema se ver�a en continuo riesgo de violaci�n de sus elementos de control mediante las flexibles posibilidades del software para la reproducci�n de los contenidos en formato digital. Por otro lado, razones epistemol�gicas y �ticas apoyan la libre difusi�n del conocimiento en la Red. Una propuesta de valoraci�n y ordenaci�n de las posibilidades epist�micas de los medios tradicionales y los nuevos medios digitales, de libre acceso o de acceso restringido, ser�a la noci�n de ubicaci�n epist�mica que se propone a continuaci�n.

Se define ubicaci�n epist�mica como el repositorio de informaci�n cuyo contenido es la descripci�n, pretendidamente verdadera, de un aspecto de la realidad y cuya fiabilidad y credibilidad se sustentan en alg�n tipo de mecanismo de acreditaci�n. Con esta definici�n se persigue vincular firmemente la veracidad con la fiabilidad acreditada, de manera que la calificaci�n de ubicaci�n epist�mica recaiga en aquella que implemente mecanismos de evaluaci�n y valoraci�n. Dejando a un lado las consideraciones tradicionales sobre la veracidad de la informaci�n, el objeto de este an�lisis se centra en los mecanismos de acreditaci�n. Desde esta perspectiva, el problema de esa calificaci�n recae en la propia evaluaci�n y calificaci�n de los mecanismos de acreditaci�n.

Para dicha evaluaci�n se proponen tres criterios:

1)   La pluralidad de los mecanismos y sujetos revisores.

2)   La competencia de los sujetos revisores

3)   La accesibilidad y transparencia del propio proceso de evaluaci�n

Para el primer criterio, ante la cierta posibilidad t�cnica de la pluralidad de voces que conlleva Internet, es decir, la irrestricta posibilidad de que todos seamos productores de informaci�n, una ubicaci�n epist�mica debe adoptar mecanismos de selecci�n y revisi�n plurales y abiertos que garanticen la m�xima participaci�n de la comunidad experta, o simplemente interesada, en esos procesos. Con el software apropiado, no hay dimensiones tecnol�gicas ni econ�micas relevantes que impidan la implementaci�n de estos mecanismos. Los mecanismos paralelos de evaluaci�n mediante discusiones o foros alternativos (con el valor epist�mico de los actuales congresos y reuniones cient�ficas) suscitados o apoyados por la propia ubicaci�n epist�mica son valores a�adidos para este criterio.

El segundo criterio trata de asegurar que la pluralidad de voces no redunde en un valoraciones acr�ticas e irrelevantes. Una ubicaci�n epist�mica debe promocionar la participaci�n de los actores epist�micos m�s relevantes en estas labores. Sin embargo, frente a la especializaci�n creciente, este criterio debe combinarse con el primero para conseguir que dicha participaci�n sea plural, de manera que las ubicaciones epist�micas de mayor prestigio sean aquellas en las que las aportaciones sean revisadas desde puntos de vista, epist�micos, plurales.

El tercer criterio es, en realidad, un metacriterio. El mejor m�todo para evaluar los dos primeros criterios es la posibilidad de consultar el propio proceso de evaluaci�n y las aportaciones de los diversos participantes en �l. Las posibilidades din�micas presentadas anteriormente nos proporcionan metodolog�as de revisi�n abiertas en las que cada art�culo podr�a ser accesible junto con los comentarios y apreciaciones de los revisores. Tanto de los encargados de la revisi�n previa, como de los interesados que la llevan a cabo tras la publicaci�n. La apertura de la pr�ctica y metodolog�a cient�fica redundar�a no s�lo en la propia fiabilidad de sus resultados, sino en el acercamiento a todos los usuarios del estilo racional y discursivo de la ciencia.

La metodolog�a del self-archiving es, sin lugar a dudas, una metodolog�a valiosa para propiciar el acceso al conocimiento y los primeros pasos de su producci�n. Pero desde el punto de los criterios aqu� apuntados necesitar�a hacer expl�citos los mecanismos de cr�tica y revisi�n colaborativa. Implementar foros de discusi�n asociados a las propias p�ginas que contienen los e-prints ser�a un recurso t�cnico sencillo de implementar y que redundar�a en innegables ventajas epist�micas puesto que los contenidos de las revisiones quedar�an reflejados y expl�citos.

Las metodolog�as cl�sicas de revisi�n presentan m�s ventajas para la publicaci�n y difusi�n de trabajos finales. Sin embargo, esas ventajas no se ver�an mermadas si, al igual que en el caso anterior, se hacen p�blicos los distintos informes de los revisores as� como se implementan mecanismos para la publicaci�n de comentarios y respuestas. Se trata de aprovechar las caracter�sticas de la red para convertir las publicaciones en instrumentos epist�micamente din�micos.

Para todos los casos, y siguiendo el segundo criterio, el anonimato no es una buena opci�n. Al menos en el caso de las publicaciones de investigaci�n, la publicaci�n de cualquier tipo de informaci�n deber�a ser p�blica para as� poder evaluar la competencia epist�mica de su autor. Evidentemente, involucrar a los autores m�s competentes en estas labores, que por otro lado desempe�an actualmente en revistas de

pago, supondr�a ofrecerles incentivos alternativos.

El an�lisis de la dimensi�n instrumental de la noci�n de ubicaci�n epist�mica permite una evaluaci�n de la dimensi�n epistemol�gica de las pr�cticas de la comunidad cient�fica. Los criterios presentados apuntan a la necesidad de la combinaci�n de los sistemas de revisi�n tradicionales con el libre acceso del conocimiento, por las innegables ventajas epist�micas que �ste supone. En la medida en que el acceso libre al conocimiento presenta dichas ventajas, todas aquellas tecnolog�as o legislaciones que afecten a dicho acceso deben ser tambi�n evaluadas desde el punto de vista epist�mico. La confluencia de las valoraciones morales y epist�micas sobre el acceso libre al conocimiento merece una reflexi�n m�s detallada.

 

4. La articulaci�n de lo epistemol�gico y lo moral

 

El objetivo anal�tico se centra ahora en la articulaci�n de lo epistemol�gico con lo moral a prop�sito de una dimensi�n espec�fica de las nuevas realidades que introducen las TIC. En particular, ese objetivo es el de analizar c�mo afecta Internet, en su difusi�n de informaci�n, a tareas epist�micas tradicionales, como el acceso al conocimiento y a la modificaci�n de estados epist�micos colectivos, esto es, describir las consecuencias que puede tener desde el punto de vista epist�mico. Desde las diferentes formas de censura hasta el control sobre los medios materiales para la difusi�n de la informaci�n, siempre han existido instituciones que regulaban esto es, controlaban ese acceso al conocimiento. El dominio sobre ese acceso siempre ha constituido adem�s una fuente de poder que hasta ahora ha sido manejado, en forma m�s o menos leg�tima, por minor�as cualificadas. En sociedades democr�ticas, tales minor�as han recibido un aval o un respaldo social. Dicho de otro modo, han sido delegadas mediante actos voluntarios (de representaci�n) para ejercer la potestad de restringir o impedir el acceso a ciertas clases de informaci�n. Pero lo m�s com�n es que bien en sociedades democr�ticas o no democr�ticas, tal capacidad sea ejercida por minor�as no habilitadas para ello por mecanismos de representaci�n popular. As�, las minor�as que en las sociedades industriales y postindustriales controlan los medios de producci�n y distribuci�n de la informaci�n ejercen su arbitrio generalmente en t�rminos de consideraciones econ�micas o pol�ticas al margen de los mecanismos de representaci�n democr�tica. En general, hasta ahora, en esas sociedades no accede a cualquier clase de informaci�n quien quiere, sino quien puede. Y quien puede generalmente es quien dispone de los medios econ�micos o de la posici�n pol�tica

adecuada para concretar esa capacidad.

El campo de la reflexi�n �tica sobre las tecnolog�as computacionales es, hoy en d�a, complejo. Desde ep�grafes como ��tica de la computaci�n� o ��tica de la informaci�n� se abordan una serie de problemas comunes como son la privacidad, la propiedad intelectual, el acceso universal a Red, el multiculturalismo en los nuevos medios digitales, etc. El problema epistemol�gico que nos ocupa aqu� caer�a mejor, para ser m�s precisos, dentro de la perspectiva que se denomina �tica de las Tecnolog�as de la Informaci�n y la Comunicaci�n, tal y como propusieron van de Haven et alii (1999). Y, bajo esta perspectiva, toca a cuestiones relativas al acceso universal a las TIC y a sus recursos informacionales. Las consecuencias de la restricci�n, econ�mica o legal, al acceso igualitario a la informaci�n y el conocimiento en la Red forman parte de estos an�lisis morales. Se propone que, entre los tipos de consecuencias que es preciso considerar, es imperativa la atenci�n a las consecuencias epist�micas que se reducen en �ltima instancia a la valoraci�n de la influencia de Internet en la producci�n, difusi�n (acceso al conocimiento universal, libre e ilimitado) y distribuci�n del conocimiento (superaci�n de las barreras comerciales, patentes, dicotom�a Norte-Sur, brecha digital, etc.).

La famosa brecha digital que se abre entre los que tienen acceso a las TIC, y su contenido informacional, y los que no lo tienen, tiene tambi�n una dimensi�n epist�mica. La brecha digital no se puede expresar solamente mediante criterios cuantitativos simples sobre el n�mero de computadores, o el n�mero de conexiones a la red. Es m�s exacto hablar de diferentes brechas digitales (Feltrero, 2005, c�p 4). Entre los que tienen acceso a las TIC, a Internet, se producen diversas brechas en funci�n de sus posibilidades legales y econ�micas de acceso a la informaci�n y en funci�n de su competencia t�cnica, sem�ntica y pragm�tica. No s�lo es necesario proporcionar la posibilidad t�cnica del acceso a las TIC y la posibilidad jur�dica de acceso libre a la informaci�n, la eliminaci�n de las brechas digitales implica tambi�n la formaci�n y la informaci�n para desarrollar las capacidades de comprensi�n, uso y reconstrucci�n de esa informaci�n.

La construcci�n de esas capacidades, digamos del �mbito de lo intelectual, depende tambi�n de la propia informaci�n. El acceso a una Internet repleta de contenidos contrastados, relacionados y �tiles, fomentar� la apropiaci�n cognitiva de la informaci�n y su transformaci�n en conocimiento �til. Salvar la brecha digital implica tambi�n maximizar las posibilidades de uso de la Red como herramienta para la

adquisici�n del conocimiento.

La �tica inmanentista de la informaci�n promovida por L. Floridi (op. cit.) defiende cuatro leyes morales b�sicas a proteger en este entorno informacional que �l denomina infosfera. Las tres primeras -no causar, prevenir y eliminar la entrop�a en la infosfera- se refieren a las restricciones morales a aplicar a todo acto que provoque la p�rdida de informaci�n. Aunque es discutible, desde un punto de vista metaf�sico, la defensa de las cualidades inmanentes de la informaci�n por s� misma que justifican estos principios morales, desde un punto de vista epistemol�gico son interesantes las conclusiones de su cuarto principio. Floridi propone que los beneficios de la informaci�n deben ser promovidos mediante la extensi�n (cualitativa), la mejora (cuantitativa) y el enriquecimiento (mediante la diversificaci�n) de la informaci�n contenida en la infosfera. La mejora de la informaci�n es, sin duda, una cuesti�n epist�mica. La entrop�a informacional presenta m�ltiples caracter�sticas como son el desorden, la redundancia, la esterilidad, la inautenticidad de la informaci�n, etc. Estas caracter�sticas, negativas desde un punto de vista epist�mico, se pueden encontrar tanto en las ubicaciones que garantizan el acceso libre, como tambi�n en aquellas que presentan restricciones al acceso, cada vez m�s numerosas, espec�ficas.

Como ya se ha puesto de manifiesto, desde un punto de vista tecnol�gico, Internet facilita el acceso libre al conocimiento. Las dimensiones �ticas sobre el acceso al conocimiento, y su posible desregulaci�n, inciden generalmente en sopesar las consecuencias, beneficiosas o perversas, del acceso al conocimiento. Pero muy a menudo suelen obviar el hecho de que la propia naturaleza de la producci�n del conocimiento en la sociedad posindustrial hace necesaria la consideraci�n de la funci�n de Internet en esa producci�n. Por ello, a la hora de evaluar las consecuencias de un acceso de un acceso libre al conocimiento en Internet, no s�lo hay que fijarse en las consecuencias que ata�en a la difusi�n del conocimiento: tanto o m�s importantes son las consecuencias en cuanto a la producci�n del conocimiento. En este sentido, no s�lo basta subrayar los efectos positivos de Internet en cuanto herramienta de comunicaci�n. Como medio que posibilita la creaci�n y funcionamiento de equipos de investigaci�n de caracter�sticas novedosas con respecto a la tradicional noci�n de centro investigador. Es preciso insistir en que la naturaleza crecientemente distribuida de la producci�n cient�fica s�lo es concebible, ya, con la Red como elemento central. Independientemente de si el cient�fico o el intelectual est�n adscritos a un grupo epist�mico (habilitado o no por la Red), cualquier investigador utiliza casi sin excepci�n

la Red como parte integrante de su arsenal epistemol�gico (tanto o m�s que los aparatos presentes en su laboratorio o las revistas cient�ficas que figuran en su Biblioteca).

La transparencia y la accesibilidad de la informaci�n cient�fica en la Red son condiciones insoslayables para el desempe�o de esta labor de producci�n cient�fica en red. El acceso libre a los recursos promociona las nuevas metodolog�as productivas y reduce las diferencias entre las comunidades epist�micas. De poco sirve que se promuevan protocolos para indexar los trabajos publicados en la red y as� facilitar las b�squedas (v�ase, por ejemplo, la Open Archives Initiative en http://www.openarchives.org/) si, a la hora de la verdad, dichos art�culos s�lo pueden consultarse mediante el pago de una suscripci�n.

Las innegables ventajas tecnol�gicas que ofrece Internet para las labores de producci�n, publicaci�n y revisi�n de las publicaciones cient�ficas se ven dificultadas por la estructura comercial que soporta gran parte de las publicaciones cient�ficas. Sin embargo, las organizaci�n privada de estas publicaciones se fundamenta en asegurar sistemas de selecci�n y acreditaci�n del conocimiento que difunden mediante el prestigio de sus equipos de revisores; precisamente el aspecto m�s cuestionable de los nuevos sistemas presentados.

Las propuestas �ticas de los movimientos para el libre acceso del conocimiento (Declaraci�n Berl�n http://www.zim.mpg.de/openaccess-berlin/berlindeclaration.html, Declaraci�n de Budapest (http://www.soros.org/openaccess/read.shtml) se enfrentan al reto de sustituir adecuadamente las funciones epist�micas de los medios tradicionales. Sin duda, las instituciones p�blicas, y los propios investigadores, deben atender a los beneficios epist�micos del acceso libre para la producci�n del conocimiento como mejor argumento para desviar parte de sus fondos de investigaci�n a las labores de organizaci�n de ubicaciones epist�micas. Movimiento que deber�a ser recompensado, tambi�n, con la valoraci�n acad�mica y curricular de este tipo de trabajos e iniciativas que la mayor�a de los investigadores ya realizan para las publicaciones privadas (sin recompensa econ�mica en la inmensa mayor�a de los casos). Se trata de recuperar el papel de las instituciones educativas como fuentes de prestigio y reconocimiento acad�mico.

La articulaci�n del valor epistemol�gico instrumental de las pr�cticas de los cient�ficos �las innegables ventajas del acceso libre para la producci�n din�mica y colaborativa y el incremento del impacto de las publicaciones� con el valor moral de la difusi�n de la educaci�n y el conocimiento �garantizando el acceso libre e

igualitario� ha sido una de las funciones principales de las instituciones educativas en la era moderna. Es, quiz�, tiempo de replantear e implementar estas funciones en el mundo digital articulando las razones epistemol�gicas y morales que apoyan el acceso libre al conocimiento.

 

5.    Conclusiones

 

Las pol�ticas tecnol�gicas y legislativas sobre Internet tienen consecuencias epist�micas. Las consecuencias epist�micas en general deben formar parte del conjunto de par�metros valorativos de la tecnolog�a o de la instituci�n. En Internet, las posibilidades de acceso abierto al conocimiento redundan en ventajas epist�micas para la producci�n y difusi�n del conocimiento cient�fico. El impacto, por ejemplo, de las publicaciones de acceso abierto y, por tanto, su contribuci�n a la difusi�n libre e ilimitada del conocimiento es un problema emp�rico (en Harnad y Brody (2004) se pone de manifiesto la tremenda repercusi�n que el acceso libre est� teniendo para el impacto de las publicaciones). Las bondades de las posibilidades de apertura de los sistemas de revisi�n de los documentos son, sin embargo, inherentes a la propia empresa colaborativa de construcci�n del conocimiento cient�fico, t�cnico y human�stico. Lo epistemol�gico y lo moral se articulan mediante la posibilidad del despliegue de pr�cticas de elaboraci�n y contrastaci�n social de la informaci�n y el conocimiento. La normatividad epist�mica de la ciencia depende de la colaboraci�n cr�tica y el consenso en su contexto social (Goldman, 2002; Longino, 1990). Dicho consenso no es la �nica condici�n para garantizar el contenido veritativo, que depende de otros factores cognitivos y epist�micos, pero es, sin duda, uno de los pilares metodol�gicos de las pr�cticas cient�ficas. Pr�cticas que se han demostrado �tiles para la producci�n, difusi�n y adquisici�n de conocimiento acreditado y confiable. El libre acceso al conocimiento a trav�s de Internet es, sin duda, un buen complemento instrumental para esas pr�cticas y, por tanto, un instrumento valioso desde el punto de vista epist�mico.

6.    Bibliograf�a

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* La redacci�n de este trabajo se ha beneficiado de la financiaci�n del proyecto de investigaci�n del Ministerio de Ciencia y Tecnolog�a I+D BFF2002-03656

 

2005 Eduardo Bustos Guada�o (http://www.uned.es/dpto_log/ebustos/index.html)

Roberto Feltrero Oreja (http://www.uned.es/dpto_log/rfeltrero/index.html)

Se permite la copia y distribuci�n de este trabajo completo en cualquier medio de car�cter no lucrativo si se hace de forma literal y se concede cr�dito a los autores manteniendo esta nota con sus enlaces.

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