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Filosof�a y literatura
Lectura de un art�culo de Eduardo de Bustos: "Pragm�tica y literatura"
Mercedes Laguna Gonz�lez
Vida y literatura; sujeto y literatura; historia, cultura y literatura
Eduardo de Bustos public� en 2001 un art�culo[1] sobre las relaciones entre Pragm�tica y Literatura. Analiza la literatura como una disciplina perteneciente a la teor�a general de la acci�n. La pragm�tica es relevante para la literatura sobre todo si consideramos tanto el papel del significado en la literatura como el car�cter literario de la comunicaci�n cotidiana. De Bustos recuerda las tres opciones metodol�gicas que generalmente se han utilizado en la relaci�n de la pragm�tica con la literatura:
Despu�s de analizarlas, el autor sugiere que es preciso situarse en un nivel m�s general con el fin de que las relaciones entre pragm�tica y literatura revelen una informaci�n significativa para el estudioso del lenguaje, el analista de la vida social o el cr�tico literario. Nosotros dir�amos tambi�n para el fil�sofo que estudia la racionalidad y su necesaria tipolog�a. La clave estar�a en detenerse, para mirar de forma nueva, en la producci�n y la comprensi�n del significado, para profundizar en la interpretaci�n de la obra y su esencial o constitutiva indeterminaci�n. Por este camino encontramos que la cuesti�n del sujeto (tan decisiva en otros campos como la acci�n social, la �tica, la historia�) posee tambi�n una calidad de primer orden a la hora de investigar las relaciones entre pragm�tica y literatura. �La pragm�tica, como toda disciplina ansiosa de generalizaciones �cient�ficas, en un sentido amplio�, postula diversas idealizaciones o abstracciones. La m�s elemental de ellas ata�e a la naturaleza del hablante racional, sincero, observante del principio de cooperaci�n ling��stica, de las m�ximas conversatorias, etc. Pero, lo que es m�s importante, se supone un hablante un�voco, esto es, un hablante homog�neo en sus constituci�n psicol�gica, un hablante unitario [�] El contraste con la literatura es flagrante: si hay algo general en la literatura es la multivocidad expresada en el texto. [�] En el texto literario se expresan m�ltiples hablantes, m�ltiples voces. [�] Siendo esto as�, parece que teor�a pragm�tica y literatura suponen conceptos de sujeto comunicativo que se contraponen y, m�s a�n, que implican procesos de interpretaci�n diferentes: mientras que la teor�a pragm�tica postula un proceso inferencial de las intenciones de un sujeto un�voco, la literatura favorecer�a un proceso interpretativo abierto, en virtud de la plurivocidad de su naturaleza [�]� (2001: 111)
Vida y literatura
Siguiendo, impl�citamente �no de manera expl�cita�, la estela de Cervantes en El Quijote, los criterios de los humanistas del Renacimiento, las ense�anzas, en fin, de Arist�teles en su Po�tica, Eduardo de Bustos propone plantear las relaciones entre pragm�tica y literatura utilizando una estrategia doble: 1) Complejizar la imagen del sujeto que utiliza la teor�a pragm�tica. 2) Simplificar la imagen del sujeto de la teor�a literaria.
Concluye nuestro autor que, con esta estrategia, podemos decir, en cierta medida, que �siempre hablamos literariamente� y que �la literatura nos habla cotidianamente�. �El sentido general de la argumentaci�n, ser�, pues, el de emborronar las distinciones, tan complacientemente trazadas, entre vida y literatura�. A partir de aqu�, E. de Bustos trata en su art�culo dos cuestiones: 1) La presunta especificidad de lo literario. 2) El car�cter literario de la comunicaci�n cotidiana.
Para la primera cuesti�n repasa, en le marco de la teor�a de los actos de habla, las conclusiones err�neas a las que puede llegar la teor�a de la referencia aplicada a la dicotom�a realidad�ficci�n dentro de los textos literarios. Concluye el autor que en este sentido se ha producido una �err�nea conceptualizaci�n de lo ficticio literario�. �S�lo desde la err�nea creencia de que los personajes hablan para el lector, puede tener alg�n sentido la afirmaci�n de imitan actos de habla�. Dentro del texto literario se est�n dando unas circunstancias y condiciones que hacen posible los actos ilocutivos, aunque difieran en la apariencia de realidad respecto a nuestro mundo real. Pero esto �no hace m�s reales nuestros actos de habla y m�s irreales los suyos�.
Hacia una cr�tica de la raz�n po�tica
Es la segunda cuesti�n, sobre el car�cter literario de la comunicaci�n cotidiana, la que me interesa subrayar ahora. Es aqu� donde encuentro una mayor separaci�n respecto a la noci�n de �raz�n po�tica� de Mar�a Zambrano y, en consecuencia, un sendero para ir construyendo la cr�tica de la raz�n po�tica. Para este an�lisis, E. de Bustos sit�a su perspectiva en la l�nea utiliza por Gabriela Reyes en el estudio de la pragm�tica ling��stica: la fragmentaci�n del sujeto, �necesaria para dotar de amplitud y capacidad descriptora a la teor�a pragm�tica�. De Bustos se detiene aqu� en el plano sociol�gico, en las consecuencias de esta fragmentaci�n del sujeto para la acci�n social y, por tanto, para la comunicaci�n. Y es aqu� donde el individuo hablante, comunicador de la literatura, presenta muchas m�s conexiones con los personajes reales que el hablante ideal utilizado en la pragm�tica. �Si atendemos, pues, a esta dimensi�n social de nuestra vida comunicativa, reconoceremos que, en esa vida, nos comportamos habitualmente como personajes, que adoptamos papeles y los interpretamos en funci�n de nuestra competencia, de nuestra capacidad para adoptar diferentes personalidades, y de la imagen, igualmente dram�tica, podr�amos decir, que asignamos a nuestro auditorio. Nadie habla o escucha desde un yo puro o incontaminado, ni siquiera como el sujeto idealizado de la comunicaci�n que supone la teor�a pragm�tica: desde ese punto de vista las personae no somos sino los personajes de una funci�n que vivimos y que conocemos como la vida real� (2001: 118) Nuestra vida comunicativa, el sentido de lo que decimos y lo que queremos expresar, tambi�n de lo que interpretamos de lo que los otros nos dicen, est� intr�nsecamente relacionado con nuestra vida social y con la historia. El significado aut�ntico del lenguaje no lo encontramos, siguiendo a los rom�nticos, a H�lderlin o Heidegger, a Unamuno o a Zambrano, s�lo, en la palabra originaria, sino en los sedimentos que ha ido lentamente dejando el lenguaje a trav�s de la historia y de la vida social. �G. Reyes (1990) ha defendido que �puede proponerse que hay en todo acto de habla una ficci�n, un locutor que repite locutores, papeles preestablecidos [�] el lenguaje reproduce voces ajenas, es decir, reproduce usos anteriores, por fuerza, por las necesidades de funcionamiento de unos subsistemas provistos de unidades discretas�. Del mismo modo que el sujeto transita por sus diferentes personalidades comunicativas, resolvi�ndose en ellas , su comportamiento verbal recrea comportamientos anteriores [�] Creo que se puede estar de acuerdo en que ninguno de nuestros actos de habla es primigenio, tiene una fuerza elocutiva originaria o est� dirigido a un efecto perlocutivo indefinido. Como en el caso de la comunicaci�n literaria, nuestros actos de habla tambi�n son parasitarios respecto a otros no menos reales. Explotan la similaridad entre lo que hacemos y lo hecho en infinitas ocasiones, aprovechando los v�nculos que la cultura y nuestra historia han creado y que posibilitan nuestra vida comunicativa, nuestra vida social�. (2001: 118�19).
[1] DE BUSTOS, E. � Pragm�tica y literatura�, en Vega Re��n, Rada Garc�a y Mas Torres, (ed.): Del pensar y su memoria. (Ensayos e homenaje al profesor Emilio Lled�). Madrid, UNED, 2001. pp 107�119. Eduardo de Bustos Guada�o es profesor de la UNED, catedr�tico de la asignatura Filosof�a del Lenguaje
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